Historia

"Contenía escrituras de compra de los terrenos que se fueron agregando al primitivo (7) Sobre la heredad de Valmorisco", escribe padre Alboraya, en el apéndice E de su Historia del Monasterio de Yuste.

fraile

Desde el añó 1418, tenía los de Yuste la propiedad de una cañal con casa y huerta, más algunas tierras de labranza en la ribera del Tietar, unto a la barca que lamaban del Moreno. Con frecuencia iban allí los religiosos pasando por la dehesa de Valmorisco, que era de Don Pedro de Zúñiga, conde de Plasencia. Fijáronse en un trozo de esta dehesa y les pareció su terreno aprovechable y el punto a propósito para edificar su casa, donde tener expansión y desahogo los enfermos y delicados de su comunidad. Con este intento, pidieron a Don pedro de Zúñiga les hicieron donación de dicho terreno, entonces sin cultivar y el dueño les autorizó en 1454 para que tomasen de él cuanto quisiesen.

No lo realizaron entonces, sino cuatro años después, cuando Valmorisco era propiedad de Don Álvaro de Zúñiga, hijo del anterior.

En 1461, roturaron el terreno, que en gran parte era monte cerrado y lo mejor jarales y robledal. Plantaron viñas, higueras, olivos naranjos y otros frutales.Echaron los cimientos de la cerca y levantaron la pared de piedra seca y barda. Edificaron la casa, bastante espacios, con sus bodegas alta y baja y una capilla para decir misa y cumplir con sus rezos los padres que allí fuesen.

En 1516, el concejo de Cuacos les añadió otros terrenos de su propiedad, en lo que se llamaba Puerta del Río. En 1576, siendo prior de Yuste el padre Fray Miguel de Alahejos, comenzose la tapia de piedra y barro sobre los cimientos que desde el principio tenían echados, terminando su obra en abril de año 1580, siendo prior el padre Fray Bartolomé de Ribera y granjero Fray Antonio de la Cruz. A la parte de poniente y junto a la cerca de la granja, había un terreno plantado de olivos y castaños y edificada una casa, donde vivía cierta piadosa mujer que de ordinario iba a oír misa a la capilla de los religiosos. Los que la conocieron ir con tanta frecuencia a misa dieron en llamarla la misera, nombre que también quedó a su heredad, que donó después a los monjes de Yuste.